EXPOSICIÓN LISTADO DE ARTISTAS    SELECCIÓN DE OBRAS   ACTIVIDADES EDUCATIVAS  

ACTIVIDADES

 

 

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UGARTE

 

Ignacio Ugarte y Bereciarte

Las Planchadoras, 1889

 

Historias Compartidas. El siglo XX en la Colección Kutxa, es una exposición que pone de relieve el devenir del arte y la cultura vascos, a lo largo del pasado siglo XX ─con incursiones en el siglo anterior y posterior─, a través de una escogida selección de obras de la Colección de arte de la Fundación Kutxa.


El origen de dicha Colección se remonta a la unión de las Cajas de Ahorros Municipal de San Sebastián y Provincial de Guipúzcoa en 1990, momento en el que también se fusionaron sus respectivos patrimonios artísticos. Una de las características esenciales de esta Colección es su evolución paralela con su tiempo, puesto que crece con la incorporación de obras de arte desde su nacimiento y hasta el momento actual. Los modos de ingreso han sido variados, bien compras, donaciones, premios o simplemente encargos para determinados espacios, si bien gran parte de la Colección se ha ido creando a través de la relación directa de la Institución con los propios artistas, como ha sido el caso de Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Nestor Basterretxea o Rafael Ruiz Balerdi entre otros.


Es pues este vínculo el motivo del título escogido, Historias compartidas, que hace referencia a la propia construcción de la Colección, estrechamente vinculada a la evolución social y cultural del territorio en el que ha sido creada; basada en la investigación y conservación del patrimonio, con una clara voluntad de conocimiento y como un modo de preservar la memoria.


En esta pequeña selección que abarca unas setenta obras obras, se realiza un amplio recorrido por la historia del arte, fundamentalmente vasco y específicamente guipuzcoano, centrando nuestra mirada en los principales movimientos artísticos del pasado siglo.

     

ARTETA

 

Aurelio Arteta

María, 1918

 

El periodo con el que se inicia la muestra comienza en el último tercio del siglo XIX; momento en que los creadores giran su atención hacia los dos faros artísticos de la época; Madrid por un lado y Roma por otro donde, todavía dentro de los límites del realismo académico se vislumbra una nueva mirada al sentido de la luz y el color. Es precisamente Roma el punto de encuentro y de influencia entre el pintor Joaquín Sorolla, fundamental en la corriente de la pintura valenciana y representante del posimpresionismo por excelencia, e Ignacio Ugarte, quien coincidió con el primero en 1884 al trasladarse a la capital italiana para completar sus estudios. Lo que nació como una gran influencia artística, se convertiría en una amistad que se vio fortalecida por los viajes de Sorolla a Zarautz y San Sebastián, y que, sin duda, tuvo un impacto determinante en que Ugarte se erigiera como una figura clave del panorama artístico guipuzcoano de finales del siglo XIX y principios del XX.


De modo paralelo y más especialmente a principios de siglo, empiezan a vislumbrarse los primeros signos de modernidad con el abandono del enfoque razonado y mesurado propio del academicismo a favor de la apertura a la naturaleza y la subjetividad de la representación del impresionismo, que Darío de Regoyos, destacada figura de esta corriente, importa desde Bruselas, donde se dirige en 1879 por consejo de su profesor Carlos de Haes.


Paulatinamente, Roma pierde su hegemonía a favor de París, ciudad que pasa a ser foco de la modernidad. Allí se dirigen gran número de pintores, como Aurelio Arteta, Juan de Echeverría, Francisco Iturrino, Ignacio Zuloaga o Daniel Vázquez Díaz, entre otros. Estos artistas, son fuertemente atraídos por los movimientos posimpresionistas ─simbolismo, fauvismo, noucentismo, cubismo, futurismo o expresionismo─ corrientes que se verán reflejadas en las obras de Ignacio Zuloaga, los hermanos Zubiaurre, Francisco Iturrino, Juan de Echevarría, Daniel Vázquez Díaz, Aurelio Arteta, Jesús Olasagasti , Bernardino Bienabe Artía, o Gaspar Montes Iturrioz entre otros.


Si por un lado es el contexto internacional el que marca los estilos de este periodo, será el ámbito vasco el que determine la temática de las obras de este tiempo. La inmigración y la industrialización cambian el panorama local; el paisaje rural se va tornando en urbano, y en la ciudad se consolida una burguesía que apoya las artes. En este contexto surge la nostalgia “del mundo perdido”, lo que propicia la aparición de temas costumbristas y tradicionales, que conviven con las vanguardias.

Se define así, por tanto, el ambiente en el que se realizan gran parte de las obras que se puede ver en este capítulo, en el que la inestabilidad política y social convive con una gran efervescencia en el ámbito artístico. Situación convulsa culmina con la contienda civil.

     

BALERDI

 

Rafael Ruiz Balerdi

Composición 86-1 I, 1986

 

La Guerra Civil y la posguerra suponen una gran brecha que se traduce en crisis económica, recorte de libertades y diáspora. Una de las consecuencias inmediatas del final de la contienda, es el exilio de gran número de pintores que habían estado comprometidos con la causa de la República, como Aurelio Arteta, Mauricio Flores Kaperotxipi o Julián de Tellaeche. Jorge Oteiza y Narciso Balenciaga habían partido con anterioridad hacia América. Nicolás Lekuona había perdido la vida en un bombardeo.


Otra consecuencias importante que marca el progreso del arte en estos años de posguerra es la vuelta a los valores propios del país, el retorno a las antiguas tradiciones o la lengua; asimismo, la escasa conexión con lo internacional de los artistas que permanecen, tiene un efecto directo en la temática de las obras, que se traduce en una figuración de corte tradicional.


Habrá que esperar a la segunda mitad del siglo para que los artistas, nuevamente, giren la mirada hacia el exterior, atentos a toda posible conexión con un arte realmente nuevo. Así, sobre la base de un abierto rechazo de anteriores posicionamientos de la figuración expresionista, se produce una apertura a movimientos como el art autre (o informalismo francés), el expresionismo abstracto norteamericano o el expresionismo alemán, mucho más surrealista.


En todo el Estado se suceden muestras de los nuevos cuestionamientos plásticos que, durante las siguientes dos décadas, ocuparían a nuestros artistas. Surgen diferentes formaciones inscritas en la abstracción, como El Paso (1957) o Dau al set (1948) en los ámbitos madrileño y catalán, o el Grupo Gaur en Gipuzkoa que aúna la vanguardia cosmopolita con la recuperación de la tradición de la Escuela Vasca. El grupo está formado por Amable Arias, Nestor Basterretxea, Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, Jorge Oteiza, Rafael Ruiz Balerdi, José Antonio Sistiaga y José Luis Zumeta, todos ellos representados en la Colección y presentes en esta exposición. De igual forma, la muestra incluye piezas de otros artistas que construyeron el corpus inicial de su obra durante estas dos décadas de los años cincuenta y sesenta, pero dentro de una veta más lírica, como son Vicente Ameztoy o Gonzalo Chillida.

     

SALAZAR

 

Dora Salazar

Madonna, 2001

 

Los años ochenta, marcan la siguiente etapa en la que detiene su atención esta exposición. En este momento el arte español toma otros derroteros bien distintos y diferenciados a lo que hasta ahora venía produciéndose.


El desarrollo de un mundo nuevo se inicia de forma más radical en 1975, con la muerte de Franco y el arranque del proceso de transición de la dictadura a la democracia. De todas las lecturas que pueden hacerse de esos tiempos agitados y apasionantes, la artística tiene un protagonismo esencial. Surge una nueva relación entre arte y política, el antifranquismo había perdido sentido y las corrientes de modernidad que trabajaban con un desconocimiento casi general se hicieron más visibles.


Una generación de artistas, influenciados por una situación política y económica potenciadora de lo que podríamos llamar “euforia plástica”, toma el relevo de la nueva estética, haciendo evidente una defensa a ultranza de los lenguajes pictóricos abstractos. Y junto a estos, un grupo de pintores protagoniza en los ochenta el regreso a la figuración, al relato, a la anécdota.


A partir de ese momento y hasta la actualidad, la diversidad preside la creación artística, en la que conviven diversas tendencias, y en la que destacan por la coherencia y de su obra artistas como Elena Asíns, Marta Cárdenas, Esther Ferrer, Dora Salazar, Andrés Nagel o Darío Villalba.
Junto a ellos, cierra esta exposición la obra de creadores contemporáneos como José Ramón Amondarain, Koldobika Jauregi, Jesus Mari Lazcano o Manu Muniategiandikoetxea.

Sirva esta selección para poner de relieve la evolución del arte vasco y guipuzcoano en el último siglo, proceso del que Kutxa no es únicamente testigo sino protagonista gracias a la labor que viene realizando tanto como Institución organizadora de exposiciones, como por su labor de coleccionista, trabajo marcado por el rigor y la audacia en la selección de obras destinadas a incrementar un patrimonio que debe ser conservado y difundido. Como un modo de devolver a la sociedad los testimonios de sus genios más insignes.

 

Dolores Durán Úcar. Comisaria de la exposición